• Perdí mi camiseta, pero Tony sobrevivió

    El pasado 15 de mayo se llevó a cabo la 2a. Canicross en el Desierto, en Sabrinsky (Cundinamarca). Al igual que el año anterior, hice las veces de “corredor escoba” en la prueba.

    Sobre el kilómetro 4 aproximadamente se encontraba Tony -ejemplar Golden Retriever, macho, 5 años- tirado al margen del camino, casi inconsciente, junto a su dueño quien me informó que su perro sufrió un golpe de calor.

    Su guía ya le había esparcido agua en su cabeza para intentar bajar la temperatura. Lo primero que se me ocurrió fue revisar que su corazoncito latiera, y lo hacía pero de una forma imperceptible. Revisé su respiración y una vez verifiqué que estaba vivo, vacié la bolsita de mi hidratación en sus genitales y en sus axilas. Unas caricias en su abdómen y palabras de aliento mencionando su nombre bastaron para que el animal abriera sus ojitos y diera signos de querer luchar por su vida. Vomitó y le giré la cabecita para evitar que broncoaspirara.

    Tomé el celular para reportar el incidente y, oh sorpresa, en el fondo de ese cañón no había señal. Ni modos: algo había que hacer.

    Con las ramas de unos chamizos y dos camisetas -la mía y la del propietario- improvisé una camilla, y procedimos al traslado del ejemplar.

    Ya para entonces algunos participantes del evento prefirieron abandonar la competencia y ayudarnos al traslado de Tony. Providencialmente, en medio de la nada, alguien encontró dos listones de madera que fueron muy útiles. Reemplazamos los chamizos por las maderas, le agregamos otra camiseta y así quedó más cómodo el canino.

    En algún momento regresó la señal al teléfono y logré comunicarme con mi familia para solicitar apoyo. Llegó el Dr. Sergio, veterinario de Pet Palace, a quien algún competidor alertó del incidente. Más adelante llegaron dos compañeros de Cruz Roja, mi hijo Carlos Iván y Nicolás -un instructor francés-, con quienes compartimos los fines de semana en Programa Social Canino.

    Llevamos a Tony hasta el carro de la Cruz Roja. Allí Diego, veterinario voluntario, junto con otro veterinario que apareció, revisaron los signos vitales, lo canalizaron y le hicieron los procedimientos adecuados. Una media hora después Tony se levantó por sus propios medios, temblando, pero mejorando. Prueba superada.

    ENSEÑANZAS

    Después de tanta aventura extrema me enteré que este ejemplar había experimentado un incidente previo similar. ¿Por qué su dueño lo puso a competir? Acá entra a jugar un papel importante la reponsabilidad. Yo debo proteger mi integridad y la de mi animal de compañía.

    Qué importante que estuvieran veterinarios en el certamen. Sergio de Pet Palace, Diego de Cruz Roja y el otro héroe que estuvo presente, fueron clave para que Tony mantuviera su vida.

    A los compañeros voluntarios de Cruz Roja Cundinamarca y Bogotá que nos dictaron el curso de Primeros Auxilios Caninos -incluído el módulo de camillaje-, mi mensaje de gratitud. Sinceramente olvidé tomar el pulso y tomar la cantidad de respiraciones por minuto… pero en medio del desierto de Sabrinsky, en la nada y sin recursos, hice todo lo que estuvo a mi alcance para proteger la vida de Tony. Y se logró. Perdí mi camiseta, pero Tony sobrevivió.

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  • Resultado de nuestros actos

    Todos mis escritos surgen de la vida cotidiana. Hace algunos días un sobrino dijo que quería cambiar su carnet de identificación universitario: es su deseo porque está inconforme con la fotografía que le tomaron el primer año. Y sí, la imagen corresponde a un muchacho con abundante cabello, que era la moda de aquel entonces, y que ya no encaja con su nuevo estilo, el de un joven a mitad de carrera, más sentado en sus estudios y proyectándose hacia un ejercicio profesional.

    Paralelamente, un par de sobrinos hablaban de querer modificar su cuerpo, él para colocarse un piercing y ella para hacerse un tatuaje. La conversación giró en torno a los pro que ellos le ven y los contra que los mayores le encontrábamos. La charla terminó con una lapidaria conclusión: soy una persona de “mente cerrada”, según los chicos.

    Tanto la toma de la fotografía con el cabello largo -contradiciendo el concepto de muchos que sugerimos un mejor peinado ese día-, el piercing y el tatuaje, son acciones en las cuales no hay opinión de terceros: somos nosotros mismos los que decidimos qué hacemos.

    Pero es ahí justamente donde está el secreto del asunto. La toma de esa decisión no debe ser pensando en unas consecuencias a corto plazo: me voy a ver a la moda -sí, como todas las modas, efímeras y que pronto cambian-, o es una forma de sentirme diferente a los demás, o es una forma de protestar contra algo o contra alguien -casi siempre esta última por el simple hecho de llevar la contraria a los padres- etc.  Esas consecuencias cortoplacistas se pueden revertir casi siempre. En el cabello, se puede corregir el peinado y listo. En el piercing,  se quita y seguramente el orificio se anulará. No sé el tatuaje, pero por lo menos si ya no corresponde a algún gusto en especial, se puede hacer sobre él una transformación hacia alguna otra figura.

    Pero más allá, hay posibilidad de equivocarnos en la decisión y no vemos las consecuencias a largo plazo: lesiones en la piel, enfermedades por el rechazo del cuerpo al objeto, enfermedades infecciosas, etc.

    Este ejemplo, quise traerlo para mostrar una situación que ocurre hoy en nuestra Colombia.

    Un funcionario del más alto rango dentro del gobierno, decidió algún día satisfacer sus instintos sexuales de una forma equivocada. Pasaron muchos años hasta hoy, día en que absolútamente todas las redes sociales publican un video donde está la evidencia clara de las acciones eróticas del hasta ayer Viceministro. Esa decisión logró en el corto plazo darle gusto a sus instintos; hoy, en el largo plazo, lo hace quedar en ridículo no sólo ante sí mismo, sino lo más grave, ante su esposa y sus hijos, y ante toda la Nación.

    Todas las decisiones de la vida, buenas o malas, repercutirán en nuestra existencia siempre. Ante decisiones trascendentales, racionalidad y buen juicio. No importa que nos tilden de ser personas de mente cerrada. “En la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias”.

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