• El irrespeto a la autoridad

    Hace unos días ví una escena que encuentro repetitiva desde hace algunos años. Una madre, furiosa con el comportamiento de su hijito, lo amenazaba con un posible castigo que ni ella ni madre alguna estaría en capacidad de cumplir.

    Siempre estuve en desacuerdo con ese proceder: bofetadas y agresiones físicas extremas jamás estuvieron en mi imaginario de corrección hacia los hijos, pero sí castigos ejemplarizantes con amenazas previas que se cumplían si ellos no obedecían.

    Que hubo un par de palmadas en las nalgas para controlar berrinches, claro que las hubo. Pero también hubo jornadas sin televisión, decomiso de juguetes favoritos, supresión de golosinas en el menú infantil, un no rotundo a la Cajita Feliz que les encantaba, etc.

    El asunto es que creo que la mayoría de personas de una generación creció bajo la amenaza de un castigo imposible de cumplir, con lo cual entendieron que la autoridad no existe.

    De otro lado, al abrir las noticias cualquier día, encuentro infinidad de casos de agresiones que me sorprenden. Voy a mencionar sólo dos ejemplos.

    Un hombre en aparente estado de embriaguez agredió con arma blanca a un agente de la Policía Nacional, quien lo sorprendió en conducta reprochable contra algunas pasajeras en Transmilenio. Si el policía no hubiera recibido entrenamiento en defensa personal, seguramente hoy haría parte de la estadística oficial de miembros de esa institución muertos en cumplimiento de su deber. Lo triste de la historia, es que el Juez que conoció del caso en primera instancia no encontró mérito suficiente para detener al infractor. La ley dice que eso es “Intento de Homicidio” y “Agresión a servidor público”, pero para el Juez no pasó nada.

    En una jornada de cultura ciudadana tendiente a evitar el mal parqueo de vehículos en las vías, un motociclista agredió a un “Cono”, como se les conoce a los funcionarios disfrazados de esta forma dentro de la campaña. El “Cono” reaccionó a la agresión y a partir de ahí surge toda la polémica de estos días. Simple y llanamente, así los políticos anteriores digan lo contrario, aquí se configura el delito de “Agresión a servidor público”, y es el motociclista quien debería recibir el peso de la ley y no solamente el funcionario que agrede en defensa propia.

    Cono
    Dos ejemplos cotidianos que me llevan a una reflexión. ¿Desde cuándo se perdió el respeto a las Autoridades? ¿Desde cuándo aprendimos a que hay en Derecho formas fáciles de burlar la Ley?

    Veo un nuevo Código de Policía que “castigará” a quien no recoja el popó de sus mascotas, y en la vida real, los andenes cada día más cochinos con excremento animal; supuestamente “castigará” el consumo de licor en los parques, y en la vida real los niños tienen que compartir sus zonas de juego con borrachos y drogadictos. Hoy la Corte Constitucional anuncia que “amplía la protección a las mujeres”, y en la vida real, cada vez más feminicidios.

    Pienso entonces que, de alguna manera, nosotros como padres tenemos culpa en este desacatamiento a la autoridad. Por estos días, la Ley y la Justicia se parecen a la mamá furiosa y cantaletosa, y los delincuentes y los desadaptados –en este caso el borracho cuchillero y el motociclista mal parqueado- a los niños que saben que esas amenazas no son más que letra muerta. La frase “le voy a voltear el mascadero” les suena igual que “quien incurra en esta conducta tendrá como sanción…”.

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  • Ser grandes, pero ser humildes.

    Hola a todos.

    Estamos pasando en nuestra familia por una etapa en que los niños pasaron de ser niños a ser adultos. Ya portan en sus billeteras cédulas de ciudadanía, dinero en efectivo, y no van al colegio sino a la universidad.

    Maravilloso proceso de verlos crecer, de verlos ser independientes.

    Pero hay algo que me está llamando la atención y yo, que también pasé por ahí, estoy sorprendido por la “sobradez” con que estos muchachos están afrontando esta etapa de la vida.

    Pues bien, muchachos, este escrito es para Ustedes.

    En primer lugar, veamos las cosas como son. Ustedes asisten a la universidad, sí y sólo sí, gracias al esfuerzo de sus padres. Nosotros no esperamos a cambio nada distinto a que ustedes se formen en lo que han considerado académicamente importante para realizar sus proyectos de vida, y una vez culminen esta etapa, puedan navegar solos por el mundo laboral, y que el fruto de sus conocimientos sea suficiente para que lleven una vida digna.

    Pero les falta recorrer muchos kilómetros para que “se las sepan todas”. Así que no menosprecien las sugerencias de sus padres: nosotros, algunas veces –y muchas más de las que ustedes se imaginan- hemos afrontado situaciones iguales o peores a las que se enfrentan, y nuestra opinión puede significarles muchos dolores de cabeza menos. Al menos tómense la molestia de escucharnos y no respondan con grosería ante nuestras opiniones.

    En segundo lugar, muchachos, la humildad. Muy bueno que tengan posibilidades que otros no tienen, gracias a Dios, pero aterricen. Ustedes no son indispensables en el universo, son simplemente una millonésima parte de él –sí, igual que nosotros- y cuando faltemos el planeta Tierra no se va a detener. Así que bájense de esa nube y caminen con los pies en la tierra, dejen ya de levitar.

    En tercer lugar, y ya para finalizar, les voy a recuperar las dos “llaves mágicas” que ustedes están dejando de lado. Son dos frases maravillosas que abren cualquier puerta y destruyen absolutamente cualquier obstáculo: “por favor” y “muchas gracias”. Utilícenlas todo el tiempo, llévenlas permanentemente en su mente, no dejen de usarlas nunca –ni siquiera con sus padres- y verán como el mundo se torna más amable.

    “Procura ser tan grande que todos quieran alcanzarte y tan humilde que todos quieran estar contigo”.
    Mahatma Gandhi.

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