• Ser grandes, pero ser humildes.

    Hola a todos.

    Estamos pasando en nuestra familia por una etapa en que los niños pasaron de ser niños a ser adultos. Ya portan en sus billeteras cédulas de ciudadanía, dinero en efectivo, y no van al colegio sino a la universidad.

    Maravilloso proceso de verlos crecer, de verlos ser independientes.

    Pero hay algo que me está llamando la atención y yo, que también pasé por ahí, estoy sorprendido por la “sobradez” con que estos muchachos están afrontando esta etapa de la vida.

    Pues bien, muchachos, este escrito es para Ustedes.

    En primer lugar, veamos las cosas como son. Ustedes asisten a la universidad, sí y sólo sí, gracias al esfuerzo de sus padres. Nosotros no esperamos a cambio nada distinto a que ustedes se formen en lo que han considerado académicamente importante para realizar sus proyectos de vida, y una vez culminen esta etapa, puedan navegar solos por el mundo laboral, y que el fruto de sus conocimientos sea suficiente para que lleven una vida digna.

    Pero les falta recorrer muchos kilómetros para que “se las sepan todas”. Así que no menosprecien las sugerencias de sus padres: nosotros, algunas veces –y muchas más de las que ustedes se imaginan- hemos afrontado situaciones iguales o peores a las que se enfrentan, y nuestra opinión puede significarles muchos dolores de cabeza menos. Al menos tómense la molestia de escucharnos y no respondan con grosería ante nuestras opiniones.

    En segundo lugar, muchachos, la humildad. Muy bueno que tengan posibilidades que otros no tienen, gracias a Dios, pero aterricen. Ustedes no son indispensables en el universo, son simplemente una millonésima parte de él –sí, igual que nosotros- y cuando faltemos el planeta Tierra no se va a detener. Así que bájense de esa nube y caminen con los pies en la tierra, dejen ya de levitar.

    En tercer lugar, y ya para finalizar, les voy a recuperar las dos “llaves mágicas” que ustedes están dejando de lado. Son dos frases maravillosas que abren cualquier puerta y destruyen absolutamente cualquier obstáculo: “por favor” y “muchas gracias”. Utilícenlas todo el tiempo, llévenlas permanentemente en su mente, no dejen de usarlas nunca –ni siquiera con sus padres- y verán como el mundo se torna más amable.

    “Procura ser tan grande que todos quieran alcanzarte y tan humilde que todos quieran estar contigo”.
    Mahatma Gandhi.

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  • Mapas, geografía y relatos

    Me encanta la cartografía y soy un enamorado de los mapas, y ahora también de los GoogleMaps. Quizás sea por la carga emocional que ellos me transmiten.

    En mi época de estudiante, la clase de geografía se apoyaba en unos recursos pedagógicos propios de esos años: los mapas en papel mantequilla calcados del atlas, perfectamente coloreados, donde debían ubicarse los principales accidentes geográficos. Era tarea para hacer en casa. Recurríamos a trucos como impregnar un algodón con alcohol para dispersar de una forma más pareja el color en el papel.

    Casi nunca hice solo esta tarea.

    Una señora, proveniente del campo tolimense, que apenas logró terminar su educación básica primaria, se ofreció siempre a acompañarme en esta causa. La ubicación de cada lugar en el mapa la complementaba con una corta descripción salida de la enciclopedia. Engrandecía su explicación con aportes personales -producto de su imaginación- que me transportaban a lugares soñados, remotos.

    Recuerdo dos paisajes dibujados con sus palabras, quizás vistos alguna vez en videos, que aunque no conoció los describió perfectamente.

    El uno, la imagen del mar y la playa: creo que su experiencia personal más próxima fuera el caminar descalza por la orilla del Río Magdalena. La otra descripción casi perfecta, fue la de la nieve y el paisaje gris, como una fotografía en blanco y negro.

    Tengo la vivencia propia de los dos paisajes, y siempre recuerdo sus relatos y me admiro de haberlos conocido previamente por sus narraciones. Coincidencialmente, conocí la nieve un 29 de junio, fecha en que ella cumplía años. Caminar por un glaciar en Ushuaia sintiendo los copos caer sobre mi cabeza fue una experiencia mezcla de felicidad y de nostalgia.

    Un lluvioso día como hoy, 13 de octubre, hace justo 30 años, ella partió.

    Mis hijos no tuvieron la fortuna de disfrutar a su abuela. Pero estoy completamente seguro de que si lo hubieran hecho, también se habrían enamorado de los mapas, de la geografía y de sus relatos.

    Limbania, mamá… gracias por todo.

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