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Author Archives: Carlos Palomá

Resultado de nuestros actos

Todos mis escritos surgen de la vida cotidiana. Hace algunos días un sobrino dijo que quería cambiar su carnet de identificación universitario: es su deseo porque está inconforme con la fotografía que le tomaron el primer año. Y sí, la imagen corresponde a un muchacho con abundante cabello, que era la moda de aquel entonces, y que ya no encaja con su nuevo estilo, el de un joven a mitad de carrera, más sentado en sus estudios y proyectándose hacia un ejercicio profesional.

Paralelamente, un par de sobrinos hablaban de querer modificar su cuerpo, él para colocarse un piercing y ella para hacerse un tatuaje. La conversación giró en torno a los pro que ellos le ven y los contra que los mayores le encontrábamos. La charla terminó con una lapidaria conclusión: soy una persona de “mente cerrada”, según los chicos.

Tanto la toma de la fotografía con el cabello largo -contradiciendo el concepto de muchos que sugerimos un mejor peinado ese día-, el piercing y el tatuaje, son acciones en las cuales no hay opinión de terceros: somos nosotros mismos los que decidimos qué hacemos.

Pero es ahí justamente donde está el secreto del asunto. La toma de esa decisión no debe ser pensando en unas consecuencias a corto plazo: me voy a ver a la moda -sí, como todas las modas, efímeras y que pronto cambian-, o es una forma de sentirme diferente a los demás, o es una forma de protestar contra algo o contra alguien -casi siempre esta última por el simple hecho de llevar la contraria a los padres- etc.  Esas consecuencias cortoplacistas se pueden revertir casi siempre. En el cabello, se puede corregir el peinado y listo. En el piercing,  se quita y seguramente el orificio se anulará. No sé el tatuaje, pero por lo menos si ya no corresponde a algún gusto en especial, se puede hacer sobre él una transformación hacia alguna otra figura.

Pero más allá, hay posibilidad de equivocarnos en la decisión y no vemos las consecuencias a largo plazo: lesiones en la piel, enfermedades por el rechazo del cuerpo al objeto, enfermedades infecciosas, etc.

Este ejemplo, quise traerlo para mostrar una situación que ocurre hoy en nuestra Colombia.

Un funcionario del más alto rango dentro del gobierno, decidió algún día satisfacer sus instintos sexuales de una forma equivocada. Pasaron muchos años hasta hoy, día en que absolútamente todas las redes sociales publican un video donde está la evidencia clara de las acciones eróticas del hasta ayer Viceministro. Esa decisión logró en el corto plazo darle gusto a sus instintos; hoy, en el largo plazo, lo hace quedar en ridículo no sólo ante sí mismo, sino lo más grave, ante su esposa y sus hijos, y ante toda la Nación.

Todas las decisiones de la vida, buenas o malas, repercutirán en nuestra existencia siempre. Ante decisiones trascendentales, racionalidad y buen juicio. No importa que nos tilden de ser personas de mente cerrada. “En la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias”.

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Vamos a dar el cien por ciento

“Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno.” Marcos, 4:8

Hola.

Hace un par de días escuché por la radio este versículo bíblico. Y me acordé de toda mi familia, pero especialmente de los muchachos que están por comenzar su año académico. Para algunos, su secundaria, pero especialmente para uno, el inicio de esta etapa. Para uno en particular, la oportunidad de hacer un cambio y terminar ya este ciclo académico. Para otros su educación superior, y también uno en especial que inicia su experiencia universitaria. Y finalmente dos que viajan a educarse fuera del país, pero en especial una señorita que iniciará la experiencia de estar lejos de los suyos.

Ustedes, muchachos, representan para la familia esa semilla que durante todos estos años sus padres han venido cuidando –la mayoría de las veces, a costa de sacrificios- y llega el momento de lanzarlas hacia la tierra esperando germinen y den fruto, y fruto en abundancia.

Yo soy un convencido que la tierra en que caen hoy, es tierra buena.

Y estoy convencido que las capacidades de todos ustedes no son para rendir el treinta ni el sesenta. Ustedes tienen todo para rendir el cien por ciento. La única obligación que tienen es la de estudiar. A algunos muchachos menos privilegiados, les toca además de estudiar, trabajar para poder sostenerse, asunto que por fortuna a ustedes les es ajeno.

Me encantaría que al despertar de cada día, recuerden este escrito. Por más difíciles que sean las circunstancias, ustedes tienen el ingenio y la habilidad suficientes para salir airosos. Sí, yo sé que hay días en que uno no quisiera hacer nada, pero mucho cuidado, no podemos permitir que el negativismo y la pereza -hábitos que no se dejan erradicar fácilmente- nos pueden arruinar nuestros planes.

Ustedes cada día, sin que lo noten, están poniendo un ladrillito en el muro de su vida futura. Pónganlo bien. No importa que haya que repetir una y mil veces la labor, lo importante es que el ladrillo de hoy quede derecho y pueda soportar el que voy a poner mañana. Si lo pongo a las carreras, simplemente por cumplir, el muro en algún momento va a perder equilibrio y colapsará. Pero si hacemos la tarea a conciencia, ustedes y sus padres van a estar orgullosos de sus logros.

Ánimo, empieza un nuevo capítulo y una nueva oportunidad de demostrarnos a sí mismos que vamos con toda.

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